Literatura

Calvino y el infierno que no es infierno

Calvino y el infierno que no es infierno

En Las ciudades invisibles, Calvino hace que Marco Polo le describa a Kublai Kan ciudades imposibles hechas de memoria y deseo. Sobre las ciudades que llevamos adentro y el cierre luminoso: reconocer, en medio del infierno, lo que infierno no es.

Proust y la memoria que vuelve por la puerta del gusto

Proust y la memoria que vuelve por la puerta del gusto

La magdalena mojada en té abre En busca del tiempo perdido: la memoria involuntaria de Proust, ese recuerdo que no se convoca con la voluntad sino que irrumpe por un sabor, un olor, un roce. Sobre lo que el pasado hace con nosotros cuando no lo llamamos.

Virginia Woolf y el yo que no es uno sino muchos

Virginia Woolf y el yo que no es uno sino muchos

En Las olas, Woolf disuelve el personaje en seis voces y en el ritmo del mar. Bernard descubre que no es uno y simple, sino complejo y múltiple. Sobre la identidad como coro y el tiempo que sube y baja como una marea.

Pessoa y el que escribe para bajar la fiebre de sentir

Pessoa y el que escribe para bajar la fiebre de sentir

En el Libro del desasosiego, atribuido al semiheterónimo Bernardo Soares, Pessoa convierte la escritura en un modo de rebajar la intensidad de sentir. Sobre la identidad múltiple, el diario de un hombre que apenas existe y la escritura como termómetro.

Szymborska y la cosa que no pasa dos veces

Szymborska y la cosa que no pasa dos veces

El poema Nada dos veces de Wisława Szymborska: la vida como estreno sin ensayo, la irrepetibilidad de cada instante. Cómo la poeta polaca dice lo más grave con ligereza y humor, sin caer en la solemnidad.

Ante la ley: la puerta que era solo para vos

Ante la ley: la puerta que era solo para vos

La parábola Ante la ley (Kafka, 1915): un hombre espera toda su vida un permiso para cruzar una puerta destinada solo a él. Sobre la autoridad que esperamos de afuera y la vida que pasa en la sala de espera.

Funes, el hombre que no podía olvidar

Funes, el hombre que no podía olvidar

En Funes el memorioso, Borges imagina la memoria perfecta como una incapacidad: quien recuerda cada detalle no puede abstraer, generalizar ni pensar. Por qué olvidar es la condición de la inteligencia.

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