Arbus y el retrato que no consuela

Una fotografía es un secreto sobre un secreto. Cuanto más te dice, menos sabés. — Diane Arbus, entrevista con Studs Terkel (1969)

Diane Arbus creció en una familia acomodada de Nueva York, trabajó durante años como fotógrafa de moda junto a su marido, y en algún punto de los años cincuenta empezó a fotografiar lo que la moda le pedía que ignorara. Enanos. Gemelos idénticos. Hombres disfrazados de mujer. Personas en instituciones psiquiátricas. Nudistas en sus colonias. Personas que el mundo convencional codificaba como anomalía, como curiosidad, como algo que se mira de reojo si acaso.

Lo que Arbus hizo con esas personas es difícil de categorizar. No las fotografió como víctimas que merecen compasión ni como fenómenos que merecen asombro. Las fotografió de frente, generalmente con flash, mirando directo a la cámara, en el mismo registro visual que se usa para fotografiar a cualquier otra persona. Esa elección formal es el argumento central de su obra: estas personas son tan sujetos de retrato como cualquier otro. No más, no menos. El marco no las transforma en símbolo de nada. Las muestra.

La crítica literaria y cultural Susan Sontag escribió sobre Arbus con dureza en Sobre la fotografía: la acusó de explotar a sus sujetos, de convertir el sufrimiento en objeto estético, de usar la diferencia como material sin considerar el costo para quienes eran fotografiados. Es una crítica que tiene peso. También tiene su contraparte: varios de los sujetos de Arbus hablaron, en entrevistas posteriores, de haberse sentido vistos de una manera que no habían experimentado antes. De que la cámara de Arbus los trataba como personas completas en lugar de como representantes de su condición.

Esa contradicción no se resuelve eligiendo un lado. Es el territorio donde vive toda la fotografía de retrato que vale la pena: la tensión entre la mirada que revela y la mirada que extrae. Arbus se suicidó en 1971, a los cuarenta y ocho años. Su obra fue incluida ese mismo año en la Bienal de Venecia, la primera fotógrafa estadounidense en recibir ese reconocimiento. Las fotografías siguen produciendo incomodidad, lo cual probablemente es el signo más claro de que siguen funcionando.