La conciencia no evolucionó para hacer al cerebro más eficiente. Evolucionó para hacer la vida parecer más valiosa de ser vivida.
En los años 70, Nicholas Humphrey trabajaba con un mono llamado Helen al que le habían extirpado la corteza visual primaria. La lógica indicaba que Helen debería estar ciega: sin esa región del cerebro, el procesamiento visual consciente es imposible. Sin embargo, Helen seguía respondiendo a estímulos visuales. Alcanzaba objetos. Evitaba obstáculos. Después de años de rehabilitación, llegó a moverse con una fluidez que ningún neurólogo hubiera predicho. Humphrey acuñó el término blindsight —visión ciega— para describir el fenómeno: la capacidad de responder visualmente a información que el cerebro procesa pero que la conciencia nunca registra.
Lo que el descubrimiento demostró es que ver y saber que ves son dos procesos distintos. Que la conciencia no es el procesamiento: es una capa adicional que el cerebro construye encima del procesamiento, y que esa capa puede faltar sin que el sistema deje de funcionar. Helen navegaba el mundo sin experiencia subjetiva de hacerlo. Respondía al espacio sin habitarlo en el sentido que los humanos dan a esa palabra.
La pregunta que la neurociencia no se hace con suficiente frecuencia es qué implica eso para lo que los humanos llaman experiencia. Si es posible procesar información visual compleja sin ninguna experiencia subjetiva de la luz, ¿qué parte de lo que los humanos hacen ocurre de la misma manera? ¿Cuánto de lo que creen que están viviendo conscientemente es en realidad procesamiento sin experiencia que el cerebro narra después, como si hubiera estado ahí desde el principio?
Nicholas Humphrey es psicólogo teórico en Cambridge, conocido también por su teoría sobre la función social de la inteligencia y por libros como Soul Dust y Sentience. Su conclusión más provocadora, desarrollada durante décadas a partir del caso Helen, es que la conciencia no evolucionó para hacer al cerebro más eficiente, sino para hacer la vida parecer más valiosa de ser vivida. No una herramienta cognitiva: una forma de hacer que la existencia importe. Helen podía funcionar sin conciencia. Pero no podía, probablemente, querer seguir funcionando.