El cuerpo tiene razones que la memoria narrativa no conoce. Y frecuentemente actúa antes de que la narrativa pueda alcanzarlo.
La memoria que los humanos conocen mejor es la declarativa: la que puede ponerse en palabras, organizada en episodios y hechos, accesible a través del lenguaje. Es la memoria que produce autobiografías, que permite contar lo que pasó, que permite aprender de la historia propia. Tiene su sede principal en el hipocampo y sus estructuras asociadas, y es la que aparece cuando alguien pregunta «¿qué recuerdas de ese día?».
Pero no es la única forma de memoria que el sistema nervioso mantiene. Hay registros que no pasan por el hipocampo de la misma manera: patrones motores aprendidos, respuestas condicionadas, y lo que la investigación clínica e investigadores como Bessel van der Kolk y sus colaboradores han documentado sistemáticamente como memoria somática: el registro corporal de experiencias, especialmente experiencias de amenaza o daño, que el organismo mantiene en el sistema nervioso autónomo, en la musculatura, en los patrones de activación del sistema de alerta. Experiencias que el cuerpo recuerda aunque la mente no pueda narrarlas, o aunque la mente las haya olvidado en el sentido declarativo.
Los estudios de neuroimagen con personas que procesaron trauma muestran que la amígdala y otras estructuras subcorticales pueden activarse ante estímulos asociados a experiencias pasadas antes de que la corteza prefrontal —sede del razonamiento consciente y el lenguaje— tenga tiempo de procesar qué está ocurriendo. El cuerpo reacciona. La mente llega después, intentando construir una narrativa que explique por qué el corazón está acelerado o por qué los músculos se tensaron sin razón aparente.
Lo que esto implica para la comprensión del propio comportamiento es considerable. Hay reacciones, patrones de respuesta, tensiones que el cuerpo sostiene que no tienen una historia verbal disponible. No porque no haya historia sino porque la historia está almacenada en un formato que el lenguaje no puede recuperar directamente. El cuerpo tiene razones que la memoria narrativa no conoce. Y frecuentemente actúa antes de que la narrativa pueda alcanzarlo.
Fuente: Bremner J.D., «Traumatic stress: effects on the brain», Dialogues in Clinical Neuroscience / Neuroscience, 2015. DOI: https://doi.org/10.1016/j.neuroscience.2015.08.010