Yi Yi y las cosas que no sabemos que no vemos

Yang-Yang no fotografía a las personas. Fotografía lo que las personas no saben que tienen.

Yi Yi empieza en una boda y termina en un funeral. En el medio, Edward Yang sigue a tres generaciones de una familia de Taipei —NJ el padre, Ting-Ting la hija adolescente, Yang-Yang el hijo de ocho años— durante aproximadamente un año. No pasa nada excepcional. La abuela cae en coma y no vuelve en sí. El padre se reencuentra con un amor de juventud. La hija descubre que los adultos tampoco saben lo que hacen. El niño lleva una cámara de fotos a todas partes y fotografía las nucas de la gente.

Yang-Yang explica por qué hacia el final: porque las personas solo pueden ver la mitad de lo que existe. La mitad de atrás —lo que tienen detrás de la cabeza, lo que nunca pueden ver de sí mismas— queda invisible para ellas. Él quiere mostrársela. No como gesto poético sino como proyecto práctico: hay información que el ángulo de visión propio no permite capturar, y alguien tiene que capturarla.

Edward Yang filmó Yi Yi en el año 2000, después de una pausa de varios años, y no volvió a filmar: murió de cáncer en 2007. Es su última película y probablemente la más abarcadora. Lo que construye en tres horas es algo que el cine pocas veces logra sin esfuerzo visible: la sensación de que la vida tiene una textura específica, que esa textura es compartida aunque cada persona la viva desde un ángulo distinto, y que la mayoría de lo que importa ocurre en los márgenes de lo que la gente presta atención.

La película ganó la Palma de Oro al mejor director en Cannes. En Taiwan se estrenó directamente en video. Yang murió sin haber podido verla estrenada en cine en su propio país. La nuca de la película, podría decirse, tardó más en ser mostrada que la cara.

Me quedo con la imagen de Yang-Yang y su cámara. La mitad que no podemos ver de nosotros mismos no es la mitad mala ni la mitad escondida: es simplemente la que el ángulo propio no alcanza. Necesitamos a alguien con una cámara, o simplemente a alguien que mire desde otro lugar, para saber que está ahí.