Salgado y el mundo antes de nosotros

La imagen promete una continuidad que el mundo no cumplió. Es la mentira más piadosa del medio.

Sebastião Salgado pasó ocho años fotografiando lugares donde los humanos todavía no dejaron huella visible. Glaciares en la Antártida. Selvas en el Amazonas. Volcanes en las Galápagos. Tribus en Papúa Nueva Guinea que viven de la misma manera desde hace miles de años. El proyecto se llama Génesis y el nombre no es casual: es una mirada hacia el principio, hacia lo que existía antes de que los humanos llegaran a transformarlo todo.

Las fotografías de Génesis son en blanco y negro. Esa decisión formal dice algo que el color no podría decir: lo que estás viendo no es un documento periodístico de ahora mismo. Es una imagen de algo que existe fuera del tiempo cotidiano, en un registro donde la urgencia del presente no llega.

Lo que Salgado fotografió es, en la mayoría de los casos, lo que ya no existe de la misma manera o lo que pronto no va a existir. Los glaciares se retiran. Las selvas se reducen. El proyecto fue concebido como archivo de lo que va a perderse. Pero las fotografías no lo dicen. No hay texto en las imágenes que señale la amenaza. Solo la cosa en sí misma, con toda su densidad visual, confiando en que el peso de lo que ves alcance para transmitir lo que las palabras explicarían de manera más eficiente y menos verdadera.

Hay algo en eso que solo la fotografía puede hacer. El glaciar fotografiado en 2005 sigue existiendo en esa imagen aunque el glaciar real ya no esté. La imagen promete una continuidad que el mundo no cumplió. Es la mentira más piadosa del medio: que lo que fue detenido en un encuadre sigue siendo, de alguna manera, ahora.