El reloj que vive en cada célula

El tiempo no es solo algo que el mundo hace. Es algo que el cuerpo hace también, desde adentro, célula por célula. — Jeffrey Hall, discurso Nobel de Fisiología o Medicina (2017)

Durante décadas se asumió que el ritmo circadiano — el ciclo de aproximadamente veinticuatro horas que regula el sueño, la temperatura corporal, la secreción hormonal y docenas de procesos más — era gestionado por un reloj central en el cerebro. El núcleo supraquiasmático del hipotálamo recibía la señal de luz, ajustaba el reloj maestro, y ese reloj coordinaba al resto del cuerpo. Un sistema jerárquico y limpio.

Lo que la cronobiología molecular fue revelando a partir de los años noventa, y que el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 2017 reconoció en Jeffrey Hall, Michael Rosbash y Michael Young, es que el modelo es incompleto. No hay un solo reloj: hay millones. Cada célula del cuerpo — células hepáticas, adiposas, musculares, inmunes, intestinales — tiene su propio mecanismo molecular de reloj, basado en bucles de retroalimentación de expresión génica que oscilan con un período de aproximadamente veinticuatro horas. El núcleo supraquiasmático coordina, pero no dicta: es más un director de orquesta que un metrónomo, y los músicos tienen sus propios tiempos internos.

Las implicaciones de esto son considerables. El jet lag no es solo somnolencia: es la experiencia subjetiva de millones de relojes celulares en desacuerdo, cada uno ajustándose a una tasa diferente al nuevo ciclo de luz. El hígado puede tardar una semana en sincronizarse con el nuevo huso horario mientras el cerebro ya se adaptó. Durante ese período, los procesos que dependen de la coordinación entre tejidos — metabolismo de glucosa, respuesta inmune, reparación celular — funcionan con una temporización incorrecta.

El trabajo nocturno crónico produce algo similar de manera permanente: una desincronización sostenida entre el reloj central (que recibe la señal de luz natural) y los relojes periféricos (que se sincronizan principalmente con los horarios de alimentación y actividad). Los estudios longitudinales en trabajadores nocturnos muestran mayor incidencia de síndrome metabólico, enfermedad cardiovascular y ciertos tipos de cáncer. No como correlación débil: como consecuencia documentada de la desincronización circadiana crónica. El cuerpo no es neutral respecto al tiempo. Tiene un tiempo preferido, inscrito en cada una de sus células.

Fuente: Takahashi J.S., «Transcriptional architecture of the mammalian circadian clock», Cell, 2017. DOI: https://doi.org/10.1016/j.cell.2017.08.004

Fuente: https://doi.org/10.1016/j.cell.2017.08.004